La bici, mi nueva aliada

por José Alberto López

Cuando era niño, adolescente tenía una bicicleta. Con ella andaba por mi barrio con los amigos de aquel entonces.
Paso el tiempo, crecí, fui padre, tuve mi bicicleta y con mis hijos recorrí de paseo algunos lugares de la ciudad. A medida que fueron creciendo alguno, digamos heredo aquella bicicleta.

Los años fueron pasando siendo testigos de mis intenciones de volver a tener una.
Y así llego el 2019 y me propuse tenerla y allá por el mes de octubre llego. La quería para pasear, usarla como medio de transporte y así de vez en cuando no usar mi automóvil. También compartir algunas saliditas con Margarita y Jerónimo dos de mis nietos que ya tenían la suya.

Llego el 2020 y trajo el coronavirus, el aislamiento, nos tuvimos que aislar. Teníamos que estar encerrados, cuidándonos, algunos con restricciones para circular. Pasaron los días y ante la necesidad de hacer alguna actividad física, comencé a caminar por calles cercanas a veces con Alejandra, mi esposa otras con mi amigo Daniel.

Sentía que me faltaba algo y mi espíritu, digamos aventurero, curioso y hasta a veces rebelde me llevo a salir acompañado de mi cámara de fotos. Capte imágenes de una ciudad vacía y en ocasiones la veía triste.

Mientras en el bicicletero donde vivo estaba la Top Mega, mi bici. Parecía que me esperaba y pedía que la saque a rodar. Como que también sufría el aislamiento a pesar de estar acompañada de otras bicicletas.

Fue así que la fuerza de mi espíritu me llevo un día a sacarla y salir en ella. Recorrí calles de mi quería Mar del Plata, fui hasta el parque Camet, llegue hasta el retén para entrar a Santa Clara, hacia el sur llegue a Punta Mogotes, por la bicisenda de la ruta 88 y el camino del Paraje San Francisco llegue a la ruta 226. Así empecé a sentir una sensación de libertad, de ser visitante en mi propia ciudad pues vi cosas que no conocía y ni hablar de la actividad física que uno realiza pedaleando.

Un día estando en Facebook encontré un grupo llamado Cicloturismo, me gusto lo que vi y me incorpore. Al poco tiempo y en una fecha muy especial para mí, 12 de agosto, el día de mi nacimiento allá por 1958 vi que se se publicaba textualmente: “domingo 16/8, 9.15 hs punto de encuentro Constitución y la Costa, recorrido bicisenda hasta el G.A.D.A., camino vecinal hasta Camet (R 2), camino vecinal hasta Santa Paula (R 226) regreso a Luro y 180.

Aproximadamente 40 km total, salimos a rodar a ritmo tranqui”. Dije guau… quiero hacer eso. Hable con Alejandra y como siempre me apoya y me alentó para que concurra a esa salida. Ese domingo allí estaba en el punto de encuentro. No conocía a ninguno de los que estaban y entre ellos algunos ya habían salido juntos.

Transitamos la bicisenda con un poco de viento medio de costado. Cuando entramos al camino rural ese viento de costado ya era de frente. Mis piernas se cansaban y los cambios pasaban. Pensé ¿Cuánto esfuerzo? ¿Así se disfruta? Incógnitas que rápidamente dejaban de serlo pues esos compañeros de camino alentaban y daban fuerza entre nosotros. Así llegamos al final del recorrido y estaba exhausto. Apenas si podía caminar. Una buena elongación. Un rico almuerzo y a descansar. Más allá del cansancio me gusto, lo disfrute, sentí la libertad de andar por esos caminos y pensé: encontré una nueva aliada para desplegar mi espíritu aventurero, curioso y como ya dije, hasta rebelde. Nunca hubiese imaginado que podía pedalear esa cantidad de km ni tampoco todas las experiencias que comencé a vivir desde aquel momento.

Desde esa primera experiencia no tuve freno a mi espíritu. Al principio y en soledad recorrí caminos, alguno de ellos conocidos para mí solo que transitados en automóvil, otros nuevos. Caminos rurales, rutas, avenidas, bicisendas. Hasta que un día y a sugerencia de mi esposa que se preocupaba por mi seguridad en todo sentido, comencé a publicar en un grupo de whats App las salidas que haría y sumarme a otras que allí se propusieran.

Desde ese momento cada día que salgo es una experiencia nueva, más allá de repetir algunos caminos, cada una la tomo como una aventura en la cual se comparten charlas, algunas muy enriquecedoras, vivencias, cuentos y más que van haciendo el recorrido muy placentero. Que decir de los paisajes que encontramos uno más bello que otro.
Con algunos biciamigos, así llamo a mis compañeros de rodada, con solo mirarnos ya sabemos que hacer y a veces decimos: vamos por aquí, a ver dónde salimos y allá vamos. Cada metro que vamos sumando en más de una oportunidad sorprende nuestros ojos por la belleza que se nos presenta.

En los años que tengo, siempre viviendo en Mar del Plata, habiendo recorrido la zona, ahora descubrí sitios que nunca había imaginado existían tan cerca. Sitios que en el presente recorro con la fuerza y empuje de mis piernas, mi espíritu y el acompañamiento de mis biciamigos.

La bici me llevo también a encontrar la sensación de libertad que sobre ella se siente y regalarle a mis ojos paisajes que ente otra cosas me gusta compartir dejándolos en imágenes que más allá de quedar grabadas en mi mente también las comparto en mis redes sociales así quienes las visitan pueden viajar a esos maravillosos lugares.

Al mar que muchas veces me acompaña se suman arroyos y puentes casi perdidos entre los campos que rodean la ciudad y la zona.

Los cultivos de trigo con su tenue amarillo hasta el increíble color de los girasoles. Los verdes de las plantaciones de hortalizas que reflejan el arduo trabajo de quienes las cultivas y cosechan.

Caminos de tierra con olor a campo y muchas veces matizados con montes, lagunas y algún que otra ave o las tan curiosas vacas, caballos y ovejas que me ven pasar.

Las sierras que nos rodean que en ocasiones y a lo lejos parecen inalcanzables y al poco tiempo las tengo al lado y me acompaña en parte del recorrido al igual que el sol, siempre presente aunque a veces no se deje ver.

No puedo dejar de mencionar al viento, otro fiel compañero que casi siempre esta, a veces de frente a veces de costado y que decir cuando lo tenemos a favor que da un alivio a nuestras piernas al igual que el descenso de una loma que entre el vértigo que me ocasiona y el sentir del aire que acaricia nuestro rostro es algo inexplicable para mí.

Gracias a la Bici mi nueva aliada de aventuras, descubrí las maravillas que rodean esta hermosa zona de mar, sierra y llanura como así también muchas persona que desde hace mucho o poco tiempo pedalean y se toma esta actividad como un estilo de vida saludable y en libertad.