Por Marcelo Pérez Peláez
La madrugada del martes 27 de enero de 2026 quedará grabada como una de las páginas más dolorosas y, paradójicamente, más esperanzadoras de la historia comercial de Mar del Plata. Eran las dos de la mañana cuando un incendio, originado en un taller lindero, se propagó con voracidad hacia las instalaciones de Argenfer, en la intersección de Avenida Colón y México. En pocas horas, el fuego redujo a cenizas 45 años de trayectoria: se perdió el local de ventas, el paseo de compras con sus sectores de librería y regalería, el espacio de Floppy Computación y los depósitos centrales.
El golpe fue devastador no sólo en lo sentimental, sino en lo operativo.
Esta sede era el corazón logístico de la firma, el centro de distribución desde donde se controlaba y enviaba mercadería a las sucursales del Puerto, Trenque Lauquen, Puerto Madryn y Caleta Olivia. Con el edificio en ruinas, el futuro de la empresa y de las familias que dependen de ella parecía quedar en suspenso.

El «gesto» que cambió el destino
En medio del desastre, apareció lo que muchos ya califican como un «ángel de la guarda». Mario Redi, dueño de Criques Mario y comerciante de la zona, fue testigo directo de la destrucción. Sin ser amigos íntimos, pero unidos por el respeto mutuo de años de compartir la Avenida Colón, Mario no dudó. Al enterarse de que Gustavo Ares, dueño de Argenfer, buscaba un lugar para no detener su actividad, lo citó para una propuesta que cambiaría el rumbo de la tragedia.
El encuentro fue breve pero de una intensidad humana difícil de narrar. Mario le entregó las llaves de un galpón de más de 400 metros cuadrados, ubicado a pocos metros del local siniestrado, y le dijo las palabras que desataron la emoción: «Hacé lo que quieras con el local, es tuyo. Ponete a trabajar ya». Sin contratos de por medio, solo con la nobleza de un colega que entiende el valor del esfuerzo, ambos terminaron fundidos en un abrazo, llorando como dos chicos ante la magnitud del gesto.

Un ejército de voluntades
Hoy, ese local cedido por Redi es un hervidero de esperanza. Los 20 empleados de Argenfer en Mar del Plata lideran la reconstrucción, baldeando, pintando y armando estanterías con una lealtad conmovedora. A esta cadena de favores se sumó José, otro amigo de Gustavo, quien facilitó un depósito en la zona puerto para recibir los grandes volúmenes de mercadería y mantener vivas las sucursales del interior del país.
La solidaridad también llegó desde el oficio: albañiles y electricistas se acercaron para ofrecer su trabajo sin cargo, y otros vecinos donaron herramientas logísticas como «zorritas» y carritos de carga. Mientras tanto, una empresa de cartelería ya trabaja en el vallado preventivo del local quemado para iniciar las tareas de limpieza profunda.

El fenómeno de los miles de abrazos digitales
La negativa de Gustavo Ares a aceptar donaciones de dinero («dinero no», fue su respuesta firme) derivó en una movilización digital sin precedentes. Bajo la premisa de ayudar a través del trabajo, la comunidad se volcó a las redes sociales. Lo que comenzó como una idea de difundir el perfil de Instagram para generar ventas, explotó gracias a la intervención del ferretero cordobés Marcos Etcheverry, quien viralizó la historia entre colegas de todo el país.
La cuenta @argenfermulticompras, que el día del incendio tenía 2.400 seguidores, superó en menos de una semana los 40.000 seguidores. Cada nuevo «follow» no es solo un número; es un mensaje de aliento y un compromiso de compra para cuando las puertas vuelvan a abrirse.
Argenfer ya se prepara para recibir a sus clientes en su nueva casa temporal, junto a Criques Mario. Las llamas fueron intensas y la pérdida material es total, pero la estructura humana que sostiene a este emblema marplatense ha demostrado ser, definitivamente, incombustible.
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