Mar del Plata en los años 40: El auge del turismo y las transformaciones urbanas

Foto: Hart Preston

En la década de 1940, la ciudad de Mar del Plata experimentó un boom turístico sin precedentes. Con un aumento del 500% en el número de visitantes, pasando de 65,000 en 1930 a 380,000 en 1940, se convirtió en el principal destino de vacaciones tanto para la clase media como para las clases altas.

Los turistas llegaban a Mar del Plata en tren y, a partir de 1938, con la finalización de la ruta 2 asfaltada, también en automóvil. Esto facilitó el acceso a la ciudad y contribuyó al crecimiento del turismo.

El gobernador Manuel Fresco desempeñó un papel clave en la apertura de la ciudad al turismo de masas. También se ocupó de los problemas de planificación urbana que surgieron debido al aumento del número de turistas, así como de regular el juego y una variedad de espectáculos.

Para dar respuesta a las necesidades del turismo en constante crecimiento, se llevaron a cabo importantes obras públicas. Una de las más destacadas fue la urbanización de la playa Bristol, a cargo del arquitecto Alejandro Bustillo, hermano del ingeniero José María Bustillo, quien era ministro de Obras en ese momento.

Durante estos años, la ciudad se expandió con la construcción de pequeños chalets, hoteles y pensiones para alojar a la creciente clase media que visitaba Mar del Plata en busca de descanso y recreación. En el verano de 1943, cuando la hotelería estaba en su apogeo, se inauguró la Torre del Agua, un nuevo tanque que además de su utilidad práctica, también sumaba un atractivo icónico a la ciudad.

El auge del turismo en Mar del Plata trajo consigo una serie de transformaciones urbanas. La ciudad se adaptó para recibir a los visitantes con infraestructura turística, como hoteles, restaurantes y espacios de entretenimiento. Además, el crecimiento económico generado por el turismo permitió la modernización y ampliación de la ciudad, con la construcción de nuevas calles, avenidas y edificios emblemáticos.

Esta época dorada del turismo en Mar del Plata dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de los argentinos. La ciudad se convirtió en un símbolo de las vacaciones de verano y en un destino deseado para miles de personas en busca de sol, playa y diversión.

Fuente: Argentina en la Memoria