Editorial: “José y Marta murieron por coronavirus”

Editorial: “José y Marta murieron por coronavirus”

Una vez leí que lo contrario al amor no es el odio, sino la apatía. Una frase que me vino a la mente frente al último reporte sanitario sobre Covid-19 en Mar del Plata.

Hoy es jueves, estamos en pleno verano y vivo un encierro un poco más de lo normal que en cualquier temporada. No obstante por momentos me olvido de que afuera hay una cruel pandemia que ha impactado de lleno en 1.112 familias que sufrieron la muerte de un ser amado. Frente a ello, en vez de ser cuidadoso; en algunas ocasiones me evado de la situación e intento salir como si nada de esto sucediera y me siento absolutamente seguro: “nada puede pasarme a mi, ni a mis seres queridos”. Las estadísticas dicen que sólo un pequeño porcentaje de contagiados llega a un desenlace fatal.

Estar en mi burbuja (a veces) funciona, hasta que los reportes diarios con el número de contagios ingresa por mis retinas e impacta con violencia en alguna parte de mi caótico cerebro. Ayer hubo en el Partido de General Pueyrredon 324 nuevos casos de coronavirus lo que representa el número más alto de los últimos 82 días.

Los dígitos son un activador de neuronas automático que despliegan ondas cerebrales para que mi entendimiento dimensione que esto va en aumento y comiencen a sonar señales de alerta en mi primitivo instinto de supervivencia. Tal vez sí pueda pasarme a mi, a mi familia o a mis amigos.

En este momento, mientras tomo mate amargo y escribo, en la mañana del 7 de enero de 2021 hay 27 pacientes en terapia intensiva por coronavirus de los cuales 17 están con asistencia respiratoria.
Sigo repasando números y es allí cuando me pregunto si mi falta de conciencia, cada vez que me olvido de la pandemia y me pongo a “bailar en la cubierta del Titanic”, es un mecanismo de autodefensa o me estoy volviendo algo frio y apático. No quisiera que el Covid me deje en pie pero me quite mi pequeña humanidad.

Humilde aporte

Propongo entonces que, de manera simbólica si es que no contamos con los datos precisos, pongamos nombre y rostro a cada uno de los muertos por el coronavirus y a sus familiares.
Allí la cosa cambia.

Despojar a las personas de su identidad es una manera de que no nos afecte tanto lo que pasa, pero es necesario para que empaticemos con el dolor y empecemos a cuidarnos de verdad. No está bueno ser apático, ni sufrir olvidos temporales que nos expongan a un riesgo peligroso para nosotros y para nuestro entorno. Pido perdón si me he comportado de esa manera e intentaré no reincidir.

Si pensamos en José y su familia, o en el caso de Marta que no pudo despedirse de sus hijos, será una manera de unirnos en el dolor y ser más conscientes de que debemos cuidarnos más que nunca.
La situación es crítica, pero si somos solidarios y cuidadosos tenemos en la mira el fin de una pandemia y la certeza que la solución es colectiva y depende de la suma de nuestras individualidades. Nadie se salva sólo.

Ayer hubo 318 personas recuperadas que recibieron el alta por protocolo y se suman a los 28.214 recuperados del total de 32.235 casos confirmados. También las estadísticas tienen historias con finales felices.

Vamos que falta menos, no nos relajemos y empecemos a pensar como reconstruiremos todo aquello que vino a derrumbar este maldito virus.

¡A cuidarnos entre todos!

Marcelo Pérez Peláez
prensa@noticiasmdq.com

Foto ilustrativa
Diego Izquierdo-Télam

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.