Té&Café: producto artesanal, mucho sabor y especial atención en Mar del Plata

Hace poco tiempo tuvimos la oportunidad de hacer algo en conjunto con Té&Café ( www.teycafe.com.ar ), un emprendimiento local a cargo del barista y sommelier de té Joaquín Gayone.

A raíz de leer los comentarios de sus clientes, que nos sorprendieron porque además de clientes son sinceros seguidores de la marca, decidimos convocar a su responsable para conocer un poco más sobre la experiencia de cliente que tanto nos llamó la atención.

Joaquín, pasó algún tiempo ya de la nota publicada por el diario La Capital, cuando conocimos un poco más en detalle sobre el mundo del té y tu actividad como sommelier de té.

¿Que pasó desde entonces?

Pasaron muchas cosas porque en esa época yo me dedicaba mas a la consultoría y al desarrollo de productos pero no me ocupaba de otras cosas. Hoy te diría que me ocupo del 99% de lo que es Té&Café.

¿Esa dedicación sirvió para mejorar lo que en aquella oportunidad hacías para Aristas?

Creo que en realidad sirvió el hecho de que aunque sea ahora una sola persona, estoy 100% dedicado y le presto máxima atención a todo, desde el producto, el packaging, las redes sociales y fundamentalmente la atención al cliente.

¿Comenzaste en el mundo del té como una oportunidad? Cómo se dió?

Quise cambiar de actividad, dar un vuelco total, lo que no es fácil, sobre todo después de los 35 años.

Pero realmente lo necesitaba y encontré en el té algo alucinante para estudiar. El mundo de té y el café no tenían nada que ver con mi actividad de siempre.

Después de años de trabajar con té decidí capacitarme como barista y sumar café a la oferta de productos. Yo mismo tuesto cada pedido de café.

Esta actividad no fue una oportunidad por el momento sino una oportunidad personal, era mi momento para buscar algo que me guste, que me haga feliz trabajando y que se convirtiera en una actividad laboral de largo plazo. Pero la clave fue depender sólo de mí.

¿Qué ofrecés desde Té&Café?

En Té&Café vas a encontrar tés importados, fundamentalmente de China, mi orígen favorito, también tés en hebras nacionales de altísima calidad, blends de té con ingredientes importados y café recién tostado, a pedido, que no lo ofrece nadie más. Dos variedades de café muy diferentes y más de 15 variedades de blends de té.

Tus productos, por su calidad, logran sumar algunos fanáticos, ¿cómo es eso?

Yo diría que la gente está abierta a probar algo distinto, pero siento que lo que sorprende un poco es la atención. Me encanta atender a la gente.

Las posibilidades cuando hablamos de blends, por ejemplo, o de tipos de café, parecen infinitas, ¿cómo te manejas con las decisiones sobre los productos?

Una de las cosas que me propuse desde el comienzo es vender té y café para el consumo. No vender té para tenerlo en una cajita minúscula y que la gente se lo muestre a las visitas.

Por eso jamás pude, a pesar de varios pedidos, preparar cajas de menos de 100 gramos. Hay gente que vende de a 25 gramos, tampoco digo que esté mal. Suelo agregar siempre una o dos muestras de té a los pedidos, pero yo no vendo muestras.

A pesar del impulso mediático que tuviste en su momento, nunca hiciste catas, por ejemplo. ¿No hacés eventos?

El mercado logra convencer a la gente de que una cata, una ceremonia o una etiqueta de “especialidad” es fundamental para pertenecer a un “target evolucionado” y yo no soporto eso. Ese mundo, el de los baristas y sommeliers en general, no me gusta. Yo pertenezco a ese mundo, pero para mí es demasiado teatro.

Si la gente se tomara unos minutos y buscara videos sobre cómo toman el té cotidianamente los chinos o cómo preparan el café en Colombia, Perú, Kenia o Etiopía, se darían cuenta de que en Argentina, como en muchos países, hay montado un espectáculo absurdo alrededor del té y el café.

¿Cómo creés que es la experiencia para el comprador?

Creo que a las personas que me consultan y me compran el té o el café, a veces les resulta raro que el sommelier que prepara los blends es el mismo que empaca el producto, carga la mochila, se sube a la moto y le toca el timbre de la casa. Soy sommelier, soy barista, pero eso no quita que soy un trabajador como cualquier otro. Mi trabajo implica hacer de todo. Lo bueno es que me gusta que sea así.

Me gusta que la gente me pregunte cosas antes de comprar. Me gusta mucho preparar un blend o tostar un café que se lo están esperando con ansiedad. Pero lo mas loco es que tengo la suerte de disfrutar hasta de hacer las entregas.

Me pasa mucho entregar un pedido y que a los minutos de irme me escriban para agradecerme las cosas que les agregué y que a la noche me escriban de nuevo por alguna duda sobre la preparación o mandarme una foto con una taza de té preparada al lado de mi caja. Comparto mucho con mis clientes y aunque lo sean, para mi va más allá de lo comercial.

Muchas personas piensan en el frío y que voy en moto, pero quisiera que sepan que a mi me gusta llevarles las cosas. De hecho no cobro el envío a domicilio, para ahorrarles costo y de paso conocerlos

Además no tengo horario. Respondo mensajes de whatsapp o redes desde la mañana hasta que me voy a dormir.

¿Anécdota, tenés alguna?

Muchísimas. Casi todos los días vivo algo que se puede considerar anecdótico.

Yo soy muy exigente con lo que hago, y después de decenas de pruebas, comencé a vender el café, también tostado por mí. Tenía pánico de que las críticas fueran malas.

A los pocos días de entregar los primeros pedidos, recibí un mensaje de Hugo, contándome que le había gustado muchísimo y que era diferente a lo que había tomado antes. Fue una alegría tremenda. Ese tipo de mensaje, espontáneo, se multiplicó decenas de veces tanto por el té como por el café

Una noche me pasó de conversar una hora con una señora que me consultaba por el café. Tiene la edad que tendría mi vieja y me colgué hablando con ella. Al día siguiente le llevé el pedido, hablamos un poco y a la hora me llama por teléfono para decirme que el muchacho que le llevó el paquete era muy amable y que sabía mucho sobre té. Era yo Marta! le dije, el que que te llevó el pedido era yo. Nos moríamos de risa con Marta y con mi familia que estaba conmigo cuando recibí el llamado

Para el día del amigo: una mujer divina, me encargó pedidos para varios amigos. Además de agradecerle, le preguntaban por las grullas de papel que había en las cajitas de té. Yo las pongo siempre. Me contó el significado personal que tenía la grulla tanto para ella como para sus amigos. Es por una historia muy fuerte. Cuando escuchaba el audio se me hizo un nudo en la garganta. Fue una mezcla de tristeza y alegría por la casualidad. Si lo hubiéramos planificado no hubiera sido tan emotivo.

La ultima que te cuento. Recibo un mensaje de Mirta por whatsapp. Pensé que necesitaba que le explique algo sobre algún té que le había llevado. “Hola Joaquín, te gusta el limoncello?” Me pregunta.

Al otro día fui a buscar una botella de licor que me había preparado. A veces me cansa pensar en la sociedad en general, pero saber que hay gente como la que tengo la suerte de cruzarme a diario es muy positivo para mi mente. No crío a mi hijo en un mundo taaaaan malo. Hay gente buena.

Me estoy poniendo grande y hay palabras o gestos que me emocionan. Que te pase eso trabajando es un privilegio.

¿Cómo ves tu futuro, a partir de aquí?

Por ahora seguir trabajando, instalando Te&Café a base de un producto artesanal pero de alta calidad y la mejor atención que pueda dar. Acabo de lograr un acuerdo con un productor de té que considero el mejor del país, con infraestructura pero que toda la producción la hace artesanalmente.

Se viene un cierre de año muy bueno para Té&Café en cuanto a calidad y proyección y eso me entusiasma porque los clientes viven los procesos y la evolución de los productos junto conmigo.

Té&Café en las redes:

Instagram: @teycafear
Facebook: @tiendateycafe

Tienda: www.teycafe.com.ar

Publicado por Marcelo Pérez Peláez

prensa@noticiasmdq.com

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