Republicanos Unidos, el sector opositor más temido por el Gobierno

Republicanos Unidos, el sector opositor más temido por el Gobierno

Por Joaquín Gayone
Consultor y analista político

Las segundas líneas del gobierno los odian. Los llaman despectivamente “denunciadores seriales”, pero son los que más veces pusieron la cara y la firma a denuncias que tienen que ver directamente con posibles actos de corrupción y violación de las leyes. Olivos gate, Vacunatorio Vip, obras con adjudicaciones cuestionables y doble vara, una para los ciudadanos comunes y otra para los cercanos al gobierno.

El odio del universo k hacia Republicanos Unidos no es caprichoso, sino que nace desde el temor de las autoridades nacionales y provinciales hacia el sector de la oposición que no deja las denuncias en forma de pirotecnia discursiva en el congreso sino que recurre a la justicia, obligando a los fiscales a actuar.

Alberto Fernández, Carla Vizzotti, Juan Cabandié, Ginés González García, Gildo Insfrán, Pietragalla, Massa, el Polo Obrero, el Movimiento Evita, Malena Galmarini, Vilma Ibarra son algunos de los denunciados. No fueron denunciados ni por peronistas, ni oficialistas, ni por ser trabajadores ni por pertenecer a una agrupación piquetera. Todos fueron denunciados por haber realizado acciones o actividades que podrían constituir un delito, según el código penal argentino.

Con Elisa Carrió y Mario Negri, Juntos por el Cambio tenía dos excelentes voces de reclamo y de “no olvido”. Sus discursos en el congreso generalmente eran brillantes, contundentes y generalmente, irrefutables. Pero desde que Republicanos Unidos levantó el perfil, los discursos que no trascendían más que lo que duraba una sesión, se convirtieron en reclamo real, el reclamo y la denuncia en los estrados judiciales, donde se resuelven las culpas y las inocencias.

Hasta ese momento, los millones de argentinos que votaron por Juntos por el Cambio no sabían que pasaba puertas adentro. Es que todos los pedidos del gobierno nacional fueron cuestionados por la coalición opositora, pero dentro de la privacidad de las reuniones entre partes, nadie sabía cómo se definen los acuerdos. Republicanos Unidos logró materializar en acciones concretas las preguntas y reclamos de los ciudadanos de manera legal y pública. Todas las cuestiones en las que el sentido común de los vecinos grita “corrupción” o “impunidad”, ellos lo trasladan a la justicia.

No hay que olvidarse que una denuncia busca justicia. Hay que denunciar la posibilidad de un delito cometido para que la justicia, a partir de los elementos presentados por el denunciante, decida investigar para poder determinar culpabilidad o inocencia.

Los vecinos no saben cómo acuerdan Ritondo, Negri o quien represente a la oposición en la definición de temas importantes que el Gobierno pide tratar. Pero tienen la certeza de estar representados por un sector de la propia coalición, que no deja pasar los temas que indignan o preocupan y sin dudarlo, le ponen la firma.

Republicanos Unidos es la unión entre lo viejo y lo nuevo. Ricardo López Murphy, un dirigente que quedó fuera de radar por una falsa y caprichosa interpretación de su propuesta para mejorar la educación argentina: que aquellos que tuvieran mayores recursos económicos hagan un aporte para que quienes no lo tienen, sigan recibiendo educación gratuita y de calidad, no de inferior nivel. En el otro extremo, Yamil Santoro, un jóven dirigente, abogado y con una forma de expresarse que refleja claramente su pensamiento y cualquiera puede entender. Santoro es la imagen del sentido común.

Ambos comparten una cualidad: honradez y transparencia. Ello no implica estar de acuerdo con sus posturas, pero de lo que no se puede dudar es de sus intenciones. La búsqueda de justicia.

Junto a ellos, los legisladores porteños Roberto García Moritán y Marina Kienast, Sandra Pitta y un equipo de voluntarios y profesionales materializan las dudas y cuestionamientos de muchos argentinos.

Su inserción en el interior de la provincia y el resto del país no es sencilla. En muchos lugares, sus contactos también se referencian con Milei o Espert, según hacia donde vaya la corriente. En otros claramente se referencian con el espacio, puertas afuera y puertas adentro. Pero a pesar de la complejidad que significa masificar un proyecto, trabajan fuertemente en lograr que muchos argentinos los visualicen e identifiquen. Muchos son representados por ellos en la práctica, a través de sus acciones políticas y judiciales, pero todavía no lo saben.

Como ocurre en el oficialismo, Juntos por el Cambio también tiene discusiones y peleas internas. Diferencias a veces importantes pero que no han quebrado sus espacios como para comprometerlos existencialmente. Paralelamente, el sector de la oposición que representa Republicanos Unidos lleva adelante acciones que trascienden las internas y tienen que ver con los temas que preocupan en el día a día de los ciudadanos.

Para saber de qué hablamos cuando decimos que materializan los reclamos de gran parte de la ciudadanía, es suficiente leer los temas que han sido material de debate en cientos o miles de programas periodísticos y de hogares argentinos. Todos, puestos sobre la mesa por el mismo espacio político.

Al trabajo de representatividad que lleva adelante, a Republicanos Unidos le queda aún mucho y muy duro trabajo de instalación en el interior. Son una fuerza liberal moderna, distinta completamente al estilo burlón y sobrador de Espert o la violencia y descalificación que impulsa Milei. Aquí no hay show, hay trabajo. Ahora queda averiguar si en Argentina hay espacio para una propuesta de éstas características.

 

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