Por Marcelo Pérez Peláez
Hay una distancia invisible, pero enorme, entre el escenario de un teatro y la penumbra de su sala. Un abismo donde habitan los que miran, los que aplauden, los que pagan una entrada para que otros les cuenten la vida. El desembarco de Julián «Gaita» González con su obra y conferencia performática PROTAGONISTAS – Nadie recuerda a los espectadores quebró esa frontera, transformando el patio de plateas en un espacio de reflexión viva sobre el rol que elegimos asumir en el trabajo, en los vínculos y en el día a día.
Julián «Gaita» González es un conferencista, capacitador y referente en cultura de servicio, liderazgo y Customer Experience (CX), reconocido por su capacidad para traducir teorías corporativas en vivencias emocionales profundas. Lejos del formato académico tradicional o del discurso motivacional enlatado, el «Gaita» utiliza el arte escénico y una fina ironía cotidiana para interpelar a las personas sobre cómo se posicionan ante la realidad.
Su propuesta parte de una premisa cruda: pasamos demasiado tiempo quejándonos del entorno mientras actuamos como meros espectadores de nuestras propias vidas. A través de su conferencia performática, combina la vulnerabilidad, el entrenamiento emocional y la gestión del comportamiento para empujar al público a dar el salto de la pasividad a la responsabilidad personal.

De la excusa a la acción
Apenas se apagaron las luces del Tronador, el «Gaita» desplegó una presencia envolvente que fue desarmando, una a una, las excusas habituales con las que nos protegemos en la rutina:
El síndrome del espectador: Cuestionó la costumbre de instalarnos como observadores pasivos y críticos del trabajo de los demás, esperando siempre que la solución o el cambio venga desde afuera.
Cultura de servicio y empatía: Sostuvo que la Experiencia del Cliente no es un concepto técnico ni un manual de procedimientos, sino una actitud ética ante el otro. No se puede dar empatía hacia afuera si puertas adentro se vive con desinterés.
El costo de ser secundario: Fiel al lema de su obra, sacudió la sala recordando que la historia nunca la escriben quienes se quedan mirando desde la tribuna, sino aquellos que asumen el riesgo de dar un paso al frente.

La alianza estratégica entre Style Contenidos y GSA BPO
Lo que se vivió en el teatro no fue un hecho casual, sino el resultado tangible de un cruce estratégico entre la producción creativa local y el sector corporativo. La sinergia entre Style Contenidos y GSA BPO demostró cómo la gestión empresarial y el arte pueden encontrarse para generar un impacto real en la comunidad.
Style Contenidos: Bajo la dirección de Natalia Álvarez, la agencia, plataforma y revista digital marplatense asumió la producción general, la comunicación y el diseño de la experiencia del espectador, garantizando una convocatoria transversal a través de Style Tickets.
GSA BPO: Con 34 años de trayectoria en Business Process Outsourcing y atención al cliente, la firma marplatense impulsó la llegada del «Gaita» como el corolario de un proceso interno. La empresa viene capacitando activamente a sus líderes y equipos bajo los modelos de cultura de servicio y empatía que promueve el conferencista.

María Alquezar: la persona que unió los dos mundos
El puente invisible entre ambas estructuras tuvo nombre y apellido: María Alquezar. Con formación en actuación cinematográfica en la New York Film Academy y una Maestría en la Rome Business School, su perfil encarna la combinación entre el rigor corporativo y la sensibilidad artística.
Desde su rol en Recursos de las Personas / People Management en GSA BPO, Alquezar trabaja a diario en la comunicación interna y el desarrollo del capital humano. Al mismo tiempo, su labor en Style Contenidos y como Directora de Arte, Cultura y Entretenimiento en NoticiasMDQ la convirtió en la articuladora ideal para traducir las necesidades de formación empresarial en un hecho cultural y teatral para Mar del Plata.

El pulso de una noche que dejó huella
A medida que la función avanzaba, el silencio en la sala se volvió cada vez más espeso, solo interrumpido por risas cómplices o murmullos. Entre las filas se cruzaban miradas entre compañeros de trabajo, gestos de emoción contenida y una sensación compartida de despertar.
Al encenderse nuevamente las luces, el aplauso de pie no fue el cierre formal de un espectáculo más. Quienes cruzamos las puertas del Teatro Tronador no salimos de la misma manera en que entramos: nos llevamos la certeza de que, de ahora en adelante, la vida exige dejar la comodidad de la platea y salir a ser verdaderos protagonistas.
NMDQ
