Desde su elección en 2013 hasta su reflexión histórica sobre los desafíos éticos de la inteligencia artificial, el líder argentino marcó un antes y un después al combinar su origen sudamericano con una visión hacia el futuro tecnológico. En el día de su fallecimiento recordamos su relación con los temas más relevantes de la humanidad contemporánea.
Por Marcelo Pérez Peláez (con asistencia de Qwen)
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires en 1936 y creció en una familia de clase media de inmigrantes italianos. Su vocación religiosa lo llevó a ingresar en la Compañía de Jesús, donde se destacó por su compromiso con los más necesitados, trabajando en las villas miseria de Argentina durante la dictadura militar. En 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI, fue elegido papa, convirtiéndose en el primer pontífice latinoamericano y jesuita. Desde entonces, su estilo cercano y directo, junto con su insistencia en una Iglesia abierta a las periferias, lo ha convertido en una figura renovadora dentro del catolicismo. Su mensaje central siempre ha sido claro: “Una Iglesia que no sale a buscar a los demás se enferma”.
La elección de Francisco tuvo un impacto profundo en América Latina, hogar de casi la mitad de los católicos del mundo. Por primera vez en la historia, el obispo de Roma provenía de esta región, marcada por una mezcla de tradiciones indígenas, africanas y europeas. Su papado reflejó una Iglesia que mira hacia el sur global, reconociendo las luchas sociales y económicas de estas tierras. Durante sus visitas al continente, desde Brasil hasta Bolivia, denunció la injusticia social y defendió los derechos de los pobres y los pueblos originarios. Para muchos latinoamericanos, su liderazgo simbolizó no solo un reconocimiento cultural, sino también un llamado a asumir un papel protagónico en la construcción de un mundo más justo.
Pionero en IA
En 2024, durante un encuentro internacional sobre tecnología y ética celebrado en el Vaticano, el papa Francisco se convirtió en el primer pontífice en hablar explícitamente sobre la inteligencia artificial. En su intervención, destacó que la IA debe ser vista como una herramienta al servicio de la humanidad, no como un fin en sí misma. Entre las ideas centrales de su discurso, subrayó:
– Servicio a la dignidad humana: “La tecnología no puede usarse para marginar o excluir; debe promover la vida en todas sus formas”.
– Riesgos de la automatización: “Si no regulamos su desarrollo, corremos el riesgo de profundizar las desigualdades o destruir empleos que son esenciales para la dignidad de las personas”.
– Diálogo entre ciencia y fe: “Los avances tecnológicos deben estar guiados por principios morales. La innovación nunca puede perder de vista el bien común”.
Sus palabras generaron un debate significativo en círculos científicos, políticos y religiosos, reafirmando la importancia de abordar el progreso tecnológico desde una perspectiva ética.
Francisco y la IA: «ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano»
Las reflexiones del papa Francisco sobre la inteligencia artificial resonaron más allá de la Iglesia. Expertos en tecnología destacaron su capacidad para conectar temas complejos con preocupaciones humanas universales. Algunos especialistas lo elogiaron por plantear preguntas fundamentales sobre el impacto social de la IA, mientras que otros sectores más conservadores cuestionaron su intervención en asuntos técnicos. Entre los fieles, especialmente los jóvenes, sus palabras fueron recibidas con entusiasmo. Francisco habló de algo que realmente nos afecta, como el futuro del trabajo o la privacidad. Aunque reconoció que no tiene todas las respuestas, el papa dejó claro que su rol es hacer las preguntas correctas para guiar el camino hacia un futuro más humano.
¿Quo Vadis?
El legado de Francisco se caracteriza por su habilidad para tender puentes entre la tradición y la modernidad. Como primer papa latinoamericano, democratizó la voz de la Iglesia, dándole un rostro más diverso y cercano. Y como visionario frente a los desafíos de la era digital, planteó preguntas fundamentales sobre cómo la tecnología puede servir —o dañar— a la humanidad. En un mundo donde los algoritmos y robots están redefiniendo lo que significa ser humano, sus advertencias éticas resuenan como un recordatorio necesario: el progreso científico no puede avanzar sin preguntarse primero qué tipo de sociedad queremos construir. En eso, como en todo su pontificado, Francisco sigue apostando por una Iglesia —y una humanidad— en movimiento, siempre atenta a las fronteras del presente y del futuro.
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