Una noche donde el mar, la danza y la música hablaron el mismo lenguaje.
Por Marcelo Pérez Peláez
El pasado 15 de junio, el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín cerró su ciclo de tres presentaciones en Mar del Plata con una función que quedará en la memoria de quienes colmaron la sala del Teatro Tronador BNA. En una noche cargada de emoción y belleza, el elenco dirigido por Mauricio Wainrot ofreció Entre Piazzolla y Ravel, un programa que fusionó danza contemporánea, tango y tradición folklórica en un tributo a dos grandes de la música universal: Astor Piazzolla y Maurice Ravel.
Un espectáculo que celebró la identidad y lo universal
Desde el primer momento, la propuesta artística trascendió la mera ejecución coreográfica para transformarse en un viaje sensorial y emotivo. La velada abrió con una versión renovada y poderosa del Bolero de Ravel, coreografiada por Ana María Stekelman. La pieza, que partió del célebre ritmo repetitivo del compositor francés, se convirtió en un campo fértil para explorar el movimiento en estado puro. La danza dialogó con elementos del tango y del folklore argentino, generando imágenes que evocaron el mar inquieto de Mar del Plata: olas que avanzan y retroceden, que insisten y transforman, como símbolo de una humanidad que busca y se reinventa.
La iluminación dramática y los juegos de sombras acompañaron con sutileza y precisión, acentuando la tensión y liberación de cada secuencia. Los cuerpos en escena se fundieron en una masa colectiva y a la vez individual, en una coreografía que respiraba al ritmo de la música y del público que observaba en un silencio reverente.
El corazón del homenaje: la música de Piazzolla
El homenaje al marplatense Astor Piazzolla constituyó el núcleo emocional del programa. Las coreografías inspiradas en su obra no solo rindieron tributo a un artista que transformó el tango y lo llevó al mundo, sino que tradujeron en gestos y pasos esa mezcla de nostalgia, rebeldía y modernidad que caracteriza su música.
Las interpretaciones de piezas emblemáticas del «hijo dilecto de la ciudad» conmocionaron al público. Los bailarines y bailarinas expresaron con sus cuerpos la lucha, el deseo y la melancolía que brotan de cada compás, mientras en la platea muchos espectadores se emocionaban hasta las lágrimas. La ciudad natal de Piazzolla pareció reconocerse en cada nota, en cada movimiento, como un espejo que refleja su identidad más profunda y a la vez su vocación universal.
El Teatro Tronador: un escenario que acompañó la excelencia
El Teatro Tronador, con su visión y acústica impecable sumada a su renovada arquitectura que conjuga modernidad y tradición, se reveló como el marco perfecto para la presentación. La calidez de la sala y la cercanía entre escenario y platea favorecieron una atmósfera de intimidad, donde cada detalle del espectáculo se percibió con nitidez y emoción. Fue un verdadero lujo para Mar del Plata contar con este espacio como sede de un evento cultural de tal magnitud.
Una alianza que potencia el arte
La función marcó el cierre de una colaboración entre el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el espacio marplatense, una iniciativa que busca acercar expresiones artísticas de excelencia a distintos rincones del país. El éxito de esta presentación reafirma la importancia de estas alianzas para democratizar el acceso a la cultura y promover el intercambio entre públicos y artistas de diversas regiones.
Un final que es un nuevo comienzo
Asistir a Entre Piazzolla y Ravel no fue solo presenciar un espectáculo: fue ser parte de un rito colectivo, de un momento de comunión donde la música, la danza y la identidad se entrelazaron para recordarnos el poder transformador del arte. El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín no solo bailó: narró historias, reivindicó memorias y convirtió el escenario en un altar donde la belleza se ofreció como un lenguaje común.
Por una noche, el arte nos recordó que, como el mar que abraza Mar del Plata, nos une, nos interpela y nos eleva. La última función de este homenaje será recordada como un hito en la vida cultural de la ciudad y como un faro que invita a seguir construyendo puentes entre territorios y sensibilidades.
NMDQ – Foto: El Marplatense
