La Semana Social comenzó con un fuerte llamado a la unidad de los argentinos

La Semana Social de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina 2020 comenzó este lunes de manera virtual con un fuerte llamado a encontrar acuerdos para superar la crisis. El encuentro fue transmitido por el canal oficial de la Comisión.

La apertura estuvo a cargo de Monseñor Oscar Ojea, obispo de San Isidro, presidente de la Comisión Episcopal Argentina, quien se refirió a la nueva ética del sistema financiero que propugna el Papa Francisco. ”He aquí que nos encontramos frente a esta pandemia, una suerte de noche, de tinieblas, todos en la misma barca”, dijo con relación a la crisis que vive el mundo. Destacó que lo primero que le surge es que han quedado expuestas las falsas seguridades en las que habíamos construido nuestras agendas».

El segundo mensaje, sostuvo, es animarse a ser creativos incubando la posibilidad de un mundo distinto. En tercer lugar, generar una nueva conversión para dejar de idolatrar el dinero y el consumo.

“En cada crisis sale lo mejor y lo peor de cada uno”. Ojea llamó a hacer un esfuerzo de unidad y “dejar el internismo”. En este sentido criticó severamente a los medios de comunicación al sostener que “tenemos una prensa amarilla para la que la grieta vende”. En realidad, dijo, la situación de los desocupados, del hambre, de la marginalidad requiere la unidad de pensamiento. El objetivo es trabajar juntos para lograr una unidad poliédrica, como define el Papa, una unidad con los que piensan distinto.

Agregó que el Estado, lógicamente, no puede estar ausente en una situación como la que padecemos, pero no todo puede venir del Estado. “Hay experiencias conmovedoras en nuestro pueblo que se brindan por el prójimo en la adversidad”.

Para finalizar, manifestó que “es momento impostergable de repensar la economía y los valores culturales de nuestra sociedad”.

A continuación, hizo uso de la palabra monseñor Jorge Lugones, obispo de Lomas de Zamora y presidente de la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina. Monseñor Lugones se refirió a la pandemia con un enfoque particular. Consideró que estamos ante una tragedia, pero esta debe ser una oportunidad de transformación por el interés de la comunidad.
En consonancia con el lema de la Semana Social 2020 planteó “nadie se salva solo”, para lo cual es necesaria profunda conversión humanística y ecológica para construir una sociedad más igualitaria. En ese contexto reclamó avanzar hacia una “economía con rostro humano” que ponga el centro de la atención en las personas, en la dignidad del trabajo, en el diálogo, para una economía de la producción y el consumo antes que de la especulación.

Puso de relieve, el tema de la fraternidad como un mecanismo regulador del sistema económico. “Se requiere para ello de una sensibilidad social y un sentido de fraternidad y solidaridad” Se debe visualizar la necesidad del otro y, con discernimiento, contribuir a superarla.

Destacó, finalmente, la responsabilidad del Estado en la función de promover la creación de oportunidades de trabajo, con incentivos para el mundo productivo, científico-tecnológico y cultural; estimulando y garantizando el diálogo entre organizaciones de trabajadores y de empresarios, entre éstos y los partidos políticos, los movimientos sociales y populares, las universidades, como viene haciendo hace más de dos años la “Mesa de Diálogo por el Trabajo y la Vida Digna”.

El primer panel central, correspondiente a esta jornada, abordó el tema Es tiempo de actuar para el futuro. En primer lugar habló el dirigente social Juan Carr, de Red Solidaria. Puso énfasis en el comportamiento heroico que está teniendo nuestro pueblo a través de los comedores, escuelas, docentes, empresarios, dirigentes sindicales, políticos, jóvenes y el Ejército. Otro síntoma de este comportamiento heroico sostuvo, es que la donación de plasma supera todos los récords que se pudieran prever “la gente está esperando, luego de curada, que transcurran los días necesarios para poder ir a donar plasma”.

Reflexionó acerca de que ojalá rescatemos este momento de enorme calidad humana para lo que nos toca afrontar en la post pandemia.

Habló a continuación Gonzalo Tanoira, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). Relató que varias generaciones de su familia han sido empresarios en nuestro país. Destacó el proyecto de SEAMOS UNO, que integra, ven con claridad que las empresas no se salvan solas. Que la pandemia ha detenido la actividad industrial como no ocurría hace 200 años porque la industria nunca tiene pausa y por ello, la recuperación de la actividad empresaria va a tardar en producirse.

En otro orden, agregó que la solidaridad es importante pero no alcanza, hay que ponerles a los ciudadanos trabajo en sus manos y en sus cerebros, debemos esforzarnos para dar trabajo. Para ello es necesario, agregó, que el Gobierno le dé la oportunidad a miles de empresas para que vuelvan a empezar, pues si no hay producción solamente con beneficencia y empleo público no se resuelve el problema.

“No podemos seguir en la grieta, la mayor enseñanza de Jesús fue el perdón”, dijo. Debemos recurrir al perdón para parir una nueva sociedad. Exhortó finalmente a que la Iglesia brinde su ayuda al diálogo para construir esta nueva sociedad que todos queremos.

Luego hizo uso de la palabra Miguel Besso, ex presidente del Consejo Económico y Social.
A su juicio, después de la pandemia creció la angustia y la inestabilidad emocional y se preguntó cómo seguimos. Consideró válida la experiencia del Consejo Económico y Social, del que participa, donde confluyen trabajadores, empresarios, iglesias de distintos credos, representantes sociales, representantes de bloques de concejos deliberantes y del municipio para lograr acuerdos que nos aparten del sálvese quien pueda. Aprendimos en la entidad a que el diálogo con el prójimo es indispensable. Esto debe ser, según su criterio, una política de Estado, basada en 3 puntos: 1°) debe ser independiente del gobierno, 2°), debe proyectar a largo plazo 10-20 años y 3°) cultivar los encuentros y allanar las diferencias. Para concluir, puntualizo además que “sin desarrollo regional no hay desarrollo nacional”.

“La concertación social en esta nueva realidad social es imprescindible” para que la opción no sea salvarse solo, sino que podamos salvarnos todos.

A su turno monseñor Gustavo Carrara, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Metropolitana de Buenos Aires quien manifestó, entre otros conceptos, “estamos viviendo un momento inédito” y agregó que “es un momento de elección, un tiempo de prueba, donde tenemos que apostar a una profunda transformación de nuestra patria. Tierra, techo y trabajo son derechos sagrados”. Ante la disconformidad con la situación actual debemos hacer una búsqueda concreta de mediaciones, agregó. Debemos terminar con el hambre, la violencia y los usureros, que son la verdadera peste del futuro social, delincuentes deshumanizados “hay que tomar registro de las consecuencias de esta pandemia y también de aquello que ha puesto de manifiesto”. Como ejemplo puso que tenemos 4.400 villas y asentamientos precarios, estamos ante una injusticia social histórica, con un gran hacinamiento, con falta de luz, de gas, de agua, de cloacas, en medio de esta pandemia donde ni siquiera tienen lugar para el aislamiento social y la higiene.
Agregó que aumentó la brecha social también en la educación. Las villas y asentamientos no tienen conectividad, por lo que no pueden tomar clases. Para continuar diciendo que, cuando decimos qué es volver a la normalidad debemos entender que eso no puede ser vivir en una sociedad en la que muchos no tienen derecho. Dijo que” debemos preparar un mañana sin descartar a ninguno, tengamos presente que los pobres no tienen más que la vida”.

Los paradigmas tecnocráticos no son suficientes para superar esta situación y debemos tener al pueblo trabajador como protagonista. “Hay que prestarles atención”, nadie se salva solo.
Para finalizar, Monseñor Enrique Martínez Ossola, obispo auxiliar de Santiago del Estero cerró la jornada diciendo que este tiempo nos hace pensar en la parábola de la multiplicación de los panes, hay miles de experiencias que destacar, hay barrios que dan de comer a sus barrios. “La solidaridad efectiva, la generosidad tradicional de nuestro pueblo sobretodo los más pobres y sencillos son los que nos pueden ayudar a multiplicar el pan que Dios nos ha dado generosamente”.

Publicado por Marcelo Pérez Peláez
prensa@noticiasmdq.com

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