«Gracias eternamente…» el día que la periodista platense Pilar Chabur conoció a D10s

El ídolo futbolístico argentino más grande de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, sigue presente entre nosotros y los relatos en torno a su vida nos cuentan cómo era la persona, detrás de ese enorme personaje que fue en vida y trascenderá en la historia universal.

Pilar Chabur es una joven periodista deportiva platense que cumplió el sueño de conocerlo y compartió su historia con Nápoles que fue compartida con los fanáticos italianos en el medio Pianeta Napoli.

Una historia que viajó por el mundo. La publicación de Pilar completa:

La llegada del astro mundial a La Plata conmocionó mi vida. Recibida de periodista deportiva con mucho sacrificio y humildad, parecía estar pasando un sueño parecido al del Diego: él tendría el de ganar un Mundial de chico… y el mío de poder estar cerca y tocarlo. Fue muy difícil la tarea que emprendí, pero fijé mi mente en que no sería imposible.

En el predio que tiene el club tripero en Estancia Chica, si bien es lejos del lugar donde vivo, era el punto preferido ya que realizaba los entrenamientos a campo abierto, pero custodiado. Los periodistas se agolpaban en el ingreso, donde escapar a la guardia de seguridad sería un desafío.

He aquí que no podía conseguir acreditación para ingresar al lugar, porqué eran mínimas las que repartía el club, y los medios más importantes eran siempre los ganadores. Desde la puerta del lugar, y sin poder entrar varias veces, divisé un teléfono en la garita del personal de seguridad. Pero ya tenía una alternativa. La posibilidad de enterarme de los entrenamientos era fácil, y un 10 de octubre cerca del mediodía y con un trabajo de hormiga, encuentro el número del teléfono que me acercaría un poquito a lo que venía buscando: tocarlo, su firma, hablarle, estar cerca.

El teléfono sonó… y del otro lado encontré un amigo. Aquel utilero que levantó mi reclamo como una bandera propia. Se llama Jorge David Sosa. Dijo: «HOLA DIGA, CON QUIEN TENGO EL GUSTO» Solidario, me responde: ¿En qué te puedo ayudar? Ahí le comento la negativa de no poder ingresar y si existía alguna posibilidad de cumplir mi sueño. «SE VA A COMPLICAR, PERO VAMOS A INTENTARLO», me dijo. Su optimismo hizo que, al otro día, encare dispuesta con un objetivo marcado, sin saber lo que vendría.

Todo cambió. La revolución Maradona había hecho que las fuerzas policiales pusieran una barrera a metros de la entrada, dejando solo pasar a la prensa acreditada. Sería imposible encontrarme con Jorge. Pero mi única arma la tenía en la mano. Mi teléfono sonó y escucho la voz de Jorge: «Haré todo lo que pueda para ayudarte Pilar». A lo lejos diviso un pájaro blanco, que se hacía escuchar en el silencio del bosque. Jorge arriba de su motoneta venía en mi búsqueda. Silbando bajo, pasó la barrera policial y es cuando emprendo el vuelo rasante que me iba a remontar hasta el CIELO. Me cobijó en su cabina, como en un nido, y al mandato «CEBATE UNOS MATES», logré entrar. Con la entrada de los periodistas, el hombre me dijo: «MEZCLATE, ES TU OPORTUNIDAD». Unos metros nos separaban del lugar preciado. Mis ojos nubosos, como una especie de tormenta comienzan a lagrimar, y tratando de focalizar el tesoro más preciado, desempaño mis lentes, y lo veo a él, AL MAS GRANDE, LA MANO DE DIOS, EL ETERNO, EL TODO PODEROSO, el que le ganó a la adversidad. EL DIOS DE LA TIERRA… «DIEGO». Incrédula, me pellizcaba viendo sus movimientos, dentro de donde él se sentía un niño, el verde pasto y una pelota. Si bien estaba conforme, quería ir por más, el club de mis amores, NEWELLS OLD BOYS, había cobijado en un momento al más grande de la historia, quien diría que los colores rojo y negro serían el segundo paso de la historia.

El entrenamiento me resultado fugaz, deteniendo el tiempo, y tratando de detenerlo pero LLEGÓ EL FINAL. Ante el corral de seguridad, que avanzaba sobre el rebaño de periodistas, consigo escabullirme y me escondo atrás de un eucalipto añejo, que resguardaba toda mi integridad física. Mi ojo pirata lograba ver la salida de todos los medios, y solo quedaban allegados a mi referente. Fue así que, como hiena al asecho, trato de asegurar mi comida. Camino unos pasos, y encuentro a una mujer que me pregunta: «VOS QUIEN SOS». Entre palabras cortadas, mi respuesta fue «QUIERO CONOCER A DIEGO», el cual recibo un rechazo, vislumbrando un oscuro panorama.

En una gambeta, cual fuera la mejor de mi ídolo, me acerco a otra persona, con un uniforme blanco, y cruzo solo dos palabras. Sin respuesta, y como una lámpara mágica a solo 7 o 8 pasos, mi sueño comienza a ser real. Al grito de DIEGO… DIEGO rompí aquella barrera del silencio en el cual estaba atrapada. Mi camiseta roja y negra se convirtió en el lazo perfecto de sentirlo por primera vez: «QUE QUERES, SOS LEPROSA COMO YO», me dijo.

Su firma se hizo realidad en una tela que la desgastará el tiempo. La foto será el recuerdo que compartiré con mis hijos, si algún día soy madre, pero el contacto con su hombro, disparó lo que yo no conocía. Esbozó: «SABIAS QUE MI HOMBRO TIENE UN PROBLEMA. TANTOS AÑOS DE SOPORTAR, TANTOS AÑOS LA CARGA DE LAS PERSONAS. PERO VOS SOS ESPECIAL. NO SENTI TU BRAZO, PERO SENTI TU PRESENCIA, ¿O ME EQUIVOCO?”.

Llorando, el dije: «ME COSTÓ MUCHO LLEGAR HACIA VOS. GRACIAS ETERNAMENTE”, y él me responder: «PORTATE BIEN, TENÉS CARA DE PIRATA».

Publicado por Marcelo Pérez Peláez
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