Una terapeuta sexual nos explica tres juegos sexuales que deberías probar y uno que no.

Es una frase que nunca deja de ponerme los pelos de punta. Sin embargo, a juzgar por la ingente cantidad de contenido sobre el tema, parece que la gente siente la necesidad de encontrar formas de “darle vidilla” a sus relaciones sexuales.

Aunque es cierto que en internet abundan los consejos para resucitar la vida sexual de la gente mediante los juegos, poco se ha hablado realmente de la forma en que la ludificación del sexo puede llevar a descubrir nuevos y gratificantes aspectos de este.

La psicoterapeuta Dulcinea Pitagora, conocida en algunos círculos como “The Kink Doctor”, me explica que, en teoría, los juegos sexuales deberían fomentar la comunicación en las parejas, ya que deben ponerse de acuerdo respecto a las normas o los parámetros que vayan a establecer. “Forman parte de esa comunicación la negociación, el consentimiento explícito y entusiasta y los cuidados posteriores, incluyendo la vuelta a la normalidad y el análisis de lo que ha funcionado y lo que no en el juego sexual”, señala.

“Cuando practicas juegos sexuales, tu cuerpo, tu mente y tus emociones se intensifican o se atenúan, en función del tipo de juego o situación. El proceso de cuidados posteriores sirve para devolver a la persona a la “realidad” y transmitirle una sensación de estabilidad que le permita procesar, apreciar y asimilar lo que ha ocurrido durante el juego”.

Pitagora divide los juegos sexuales en cuatro categorías principales que pueden ayudarnos a saber si nos serían útiles para aumentar nuestra satisfacción sexual.

Juegos novedosos

Según Pitagora, este tipo de juegos son los que fomentan la exploración de deseos que hasta ese momento no eran más que fantasías o curiosidades. Un ejemplo sería que ambos miembros de la pareja hicieran una lista de las cosas que no han probado y que les gustaría experimentar. De esta forma podrían ver en qué puntos coinciden. Luego podrían hacer papelitos con cada una de esas ideas y sacarlas al azar para llevarlas a cabo.

Pitagora advierte de que, por mucho que se hayan hablado las cosas al principio, conviene buscar de nuevo el consentimiento en el momento de ponerlas en práctica. Es perfectamente posible que algo que nos resultaba curioso al principio deje de interesarnos posteriormente, sobre todo si ha habido algún otro juego de por medio.

“Para asegurarse, hay que preguntar y acordar una palabra o un gesto de seguridad”, señala. Hay que consultar el consentimiento en un momento que consideremos adecuado, y el lenguaje usado puede incorporarse en el juego o la situación, pero debe ser reconocible por ambas partes. “Antes del juego conviene hablar sobre cómo se llevaría a cabo la confirmación del consentimiento y cuáles serían las posibles reacciones o respuestas”.

Según Pitagora, generar nuevas experiencias sexuales puede ayudar a estrechar vínculos y revigorizar la vida sexual de parejas que ya llevan un tiempo juntas y empiezan a sentir que sus relaciones son demasiado predecibles. “Esto también puede ser gratificante a nivel personal, puesto que podemos llegar a aprender cosas sobre nuestros deseos sexuales y nuestra identidad”.

Juegos de roles

Pitagora señala que esta categoría se compone de varias subcategorías, como los juegos de intercambio de poder, el cosplay o los los juegos de rol en vivo (LARP), y que cada subcategoría puede tener, a su vez, otras subsubcategorías.

“En el contexto de los juegos de roles, puedes encarnar diferentes identidades sexuales según la situación y desafiar la idea de una identidad esperada y fija”, señala, y añade que los juegos de roles pueden liberar a una persona de los límites de la expectativa y propiciar la expansión del deseo erótico, la fantasía y la autoidentificación.

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